¿Qué pasa si te enfermas de noche?

La noche que mi hijo tuvo fiebre y entendí lo que de verdad significa no tener urgencias privadas en Itapema. Y cómo recuperé la calma.

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4 minutos de lectura·20 de junio 2026
Tomándole la temperatura a un niño con fiebre

La tranquilidad que dabas por sentada

Nosotros venimos de una ciudad grande, con hospitales en cada esquina. Nunca tuvimos que pisar la salud pública: la tranquilidad estaba garantizada. Ni siquiera era algo en lo que tuviera que pensar.

Acá es distinto, y conviene que lo sepas antes de que te toque: en Itapema no hay hospitales privados atendiendo urgencias. (El público sí: la UPA 24h del SUS atiende de noche; pero, por costumbre, uno que viene de afuera no arranca por ahí.) Si quieres resolverlo en privado y surge de noche, te toca viajar a Balneário Camboriú o Itajaí. Y subrayo el "o": en temas de salud, esas dos ciudades funcionan como un solo polo. Es salud regional, no es "la salud de Balneário". Si todavía no tienes claro por qué funciona así, empieza por cómo funciona la salud privada.

La noche que aprendí a medir la distancia

Aquel día mi hijo empezó con fiebre por la tarde. Nada del otro mundo: los niños se enferman, un virus, un cambio de tiempo o —como decía mi abuelita— "un andancio". Era tarde, así que asumí que las clínicas ya estaban cerradas. Y no andaba muy errado: la gran mayoría funciona solo de día. Podíamos ir al SUS… pero no lo hicimos, por pura falta de costumbre. Hoy, ojo, es una opción que tenemos bien evaluada.

Mi estrategia de cobertura era simple: Hapvida para emergencias y, para el día a día, atenderme en el Hospital Dia Revitalite. Era un buen plan. Sigue siendo un buen plan. El problema es que, al usarlo bajo presión por primera vez, reaccioné mal.

Arrancamos para el hospital de Balneário. Y ahí, en el camino, entendí algo que en frío no había medido: lo pesada que puede ser la distancia. Quince minutos de autopista y después cruzar hasta el extremo norte de Balneário se me hicieron eternos con el niño así.

Mi caso tiene un agregado: mi esposa odia la autopista. Te juro que si hubiera una lancha a Balneário, preferiría ir en lancha. Es más, si existiera un atajo en medio del monte que conecte ambas ciudades, ella va en bicicleta seguro: cualquier cosa por no tomar la autopista.

Dos malas noticias al llegar

Llegamos al hospital y nos recibieron dos golpes:

  • Ya se nos había hecho de noche.
  • La urgencia pediátrica está en Itajaí, no en Balneário.
El viaje por la autopista a Balneário, de noche

"Grrr, ¡qué rabia! Vámonos para la casa, yo no voy a ir a Itajaí", me dijo. "Le bajo la fiebre y mañana vamos al Revitalite, como hacemos el 300% de las veces." Y nos dimos la vuelta. Y la fiebre desapareció.

Y volvió de madrugada. Pero esta vez con unas erupciones en la carita.

La clínica particular

A esa hora no íbamos a hacer el papelón de repetir el mega viaje. ¿Qué hacemos? ¿Vamos al SUS? "Puede ser", le dije, "pero como no lo conozco, déjame ver si algún privado atiende a esta hora."

Y esta es, exactamente, la importancia de Maresia. No porque las alternativas no existan, sino para darte dos cosas: primero, la tranquilidad de saber que sí hay clínicas particulares de urgencia; segundo, que las puedes ver acá.

Por Google encontramos un pediatra de urgencia abierto. Fuimos. El médico lo examinó: infección en la garganta, antibióticos. 500 reales (2025). Y a dormir tranquilos.

Hoy tengo tres opciones, no una

Que quede claro: no es la primera ni la última vez que el niño se enferma y toca urgencias. Los niños se enferman, es la regla. La diferencia es que hoy, según la hora, sé que tengo tres caminos:

  • Viajar a Itajaí (la urgencia pediátrica de la región).
  • Una clínica particular de urgencia (si hay plata, claro).
  • El SUS.

A mí, personalmente, me encanta resolver en particular. Por la rapidez: no hay con qué compararla. Incluso en mi ciudad anterior. Porque había mucha más gente en urgencias. Cuando llegabas tocaba clasificación, espera, papeleo. Acá: voy, me atienden, pago. Listo.

Y ojo, no es una cuestión de tener o no tener dinero. Para mis hijos, ese dinero de emergencia siempre está guardado. Según cómo nos sintamos en el momento, si hace falta, se usa; si no hace falta, se viaja. Esa es la verdadera calma: no que nunca pase nada, sino saber exactamente qué vas a hacer cuando pase.